Mis heterodoxos: Jim Fixx

«Somos un país sin sentido del humor». Se suele decir esto cuando nuestra broma más gruesa no ha encontrado la divertida respuesta que esperábamos. La verdad es que si algo sobra en España son chistes y chistosos; el problema es que no tienen gracia ni unos ni otros. Una prueba de ello es esta lista con la que me he topado en algún rincón de Internet buscando información sobre el footing. Ésta se compone de los doce decesos más ridículos de la historia de la humanidad. Entre esta docena de incompetentes ante la muerte, encontramos a gentuza como Esquilo, Francis Bacon, Joseph Fourier o Antonio Gaudí, este último atropellado por un tranvía, lo cual nos puede ayudar a hacernos una idea del tipo de sentido del humor del autor de este directorio de cadáveres, así como de su catadura moral. El suicidio, la indigestión o la asfixia también le hacen gracia. No es de extrañar, por tanto, que cierre este luctuoso listado el considerado inventor del jogging, Jim Fixx. Murió a los 52 años, pero no lo hizo de manera estúpida sino de un ataque al corazón.

La irónico de la defunción del bueno de Jim es que siendo el responsable de la popularización del running en las décadas de los setenta y ochenta, después de toda una vida pregonando mediante libros y programas de televisión los beneficios saludables de correr como ejercicio físico, resulta que cayó fulminado a causa de un infarto de miocardio mientras salía a dar su habitual carrerita por la mañana. Yo sigo sin verle la gracia, tal vez ustedes tampoco encuentren la ironía por ninguna parte. Profundicemos un poco más.

Hacía una estupenda mañana para salir a correr…

James Fuller Fixx viene a este mundo, concretamente a la ciudad de Nueva York, un 23 de abril de 1932. Como en todas las biografías de los grandes hombres de América, para conocer realmente al personaje hay que investigar sus años de estudiante en el high school, recinto académico donde germinan todos los complejos y enfermedades mentales de los estadounidenses contemporáneos. Como hemos aprendido viendo Porky´s, American Pie y demás, el instituto yanqui se organiza en estamentos impermeables y jerarquizados, a saber, cools (grupo compuesto por deportistas y protoputas de buen ver), outsidiers (inadaptados que visten de negro, fuman porros y escuchan música independiente) y nerds (ya saben, gafotas, empollones, granos y psoriasis). A usted, como a mí, todo esto les suena a cuento chino, porque aquí en España las clases sociales adolescentes nunca se relacionan con las otras gracias a la esquizofrénica existencia en un mismo sistema educativo de la escuela pública (outsiders), concertada (nerds) y privada (élite triunfadora y cool). Pero, ya les digo, en los Estados Unidos, los años en el high school representan la etapa formativa del carácter del individuo, de manera que ,si en el instituto fuiste un pendenciero jugador de rugby, lo más probable es que llegues a responsable comercial de alguna marca de refrescos; mientras que, si fuiste un nerd, toda tu vida serás el mismo pánfilo pero te harás aún más pajas. Para escapar del determinismo social de instituto sólo hay tres salidas: confiar en una revolucionaria y tardía pubescencia, una huida hacía ninguna parte en forma de matanza a mano armada o posponer la venganza unos cuantos años y fundar Facebook y pasarte el resto de tu vida presionando el F5. Pues bien, Jim Fixx fue un discente de aquellos de gafotas de pasta, acné, grasa en el pelo e ínfulas de gran genio, quien, viéndose relegado en el recreo y escupido por los deportistas de la clase, fue acumulando resentimiento y ánimos de revancha. En estos años, el joven Fixx se aficiona a dos de sus actividades preferidas: hacer puzles y comer bollos. Fixx es un listillo, nada espectacular, tan sólo algo más avispado que el resto, pero en vez de darse por la explotación artística de esta capacidad intelectual suya, pierde el tiempo juntando piezas de aristas imposibles, eso sí, con gran habilidad. Hacer puzles es una afición solitaria, que permite ir macerando, poco a poco, pieza a pieza, odio y rencor contra el grupo de los jugadores de baloncesto y sus corifeas cheerleaders. Además, lo bueno de los rompecabezas es que es un hobby compatible con su otra gran pasión, la ingesta desmedida de grasas saturadas. Y así, entre que coloca una esquina del mapa del estado de California y se zampa una tarta de zanahoria, transcurre su adolescencia hasta que ingresa en la universidad.

Podría ser perfectamente Jim pergeñando un puzle para superinteligentes.

Cuando James F. Fixx comienza sus estudios en la Ohio Wesleyan University, sus chichas tiemblan blandas dentro de una camisa hawaiana XXL. También tiene papada. Gordo e inadaptado, las perspectivas de Jim por mejorar su vida social en la universidad son más bien escasas. Mientras cursa sus estudios superiores, las grandes obsesiones de nuestro amigo,  lejos de diluirse, se radicalizan. No para de comer y expandirse. Con poco más de 20 años y una estatura mediocre, Fixx ya sobrepasa el centenar de kilos. Por otra parte, su obstinación por la construcción de puzles se exacerba. Ya no se conforma con recomponer estampas de la Torre Eiffel, sino que decide dedicarse profesionalmente a la confección de juegos conceptuales para superdotados, pero que en definitiva siguen siendo puzles, más o menos alambicados, para listillos con ganas de notoriedad. Abandona la universidad. Nadie le echa en falta. Tutelado por el club Mensa, una asociación internacional de superdotados cuyo requisito para ingresar es tener un cociente intelectual superior a ciento cuarenta y pico o así al que pertenece Stephen Hawking y de la que Asimov renegó porque estaba «cada vez más hartos de ellos», Fixx sacó al mercado con un previsible fracaso comercial una colección de rompecabezas bajo los significativos nombres de Juegos para superinteligentes, Más juegos para superinteligentes y ¡Resuélvelo! Sin duda los Estados Unidos no estaban preparados para aquellos clarividentes retos intelectuales. Sea como sea, Fixx renuncia, decepcionado una vez más con una sociedad chata y superficial, a la creación de puzles para siempre jamás. No así, a los bollos, de esta afición no se desprende. El vacío que deja en su alma inquieta el hobby perdido lo sustituye por otro: fumar.

Obeso mórbido y adicto a la nicotina, malvive  durante años escribiendo crónicas intrascendentes para un periódico local de Ohio y alguna que otra reseña para la revista erótica Playboy. Es virgen y, en las reuniones de Mensa, Hawking no le dirige la palabra (o lo que quiera que profiera). En 1967, con 35 años de edad, sin haber tenido coyunda, con 110 kilos de peso y fumador empedernido de más de dos paquetes de Malboro diarios, cualquier otro en su lugar se hubiese atado dos bloques de cemento a los pies y se hubiese arrojado a las aguas heladas del lago Erie. Él no.

Es domingo, a finales del mes de noviembre. Cleveland, o Cleverland como le gusta a él llamar a su ciudad, amanece con las calles cubiertas de hielo. Fixx viste ropa deportiva porque es la única sin costuras que no le llaga las inglés hinchadas de tan gordo que es. Ha madrugado para comprar tabaco, pero el estanco de la esquina aún no ha abierto. Decide ir al kiosko del parque, junto al lago, a medio kilómetro de distancia. En principio, camina a ritmo pausado. Inexplicablemente y movido por una fuerza ajena a las ganas de fumarse el primer pitillo del día, aumenta de manera progresiva el ritmo de sus zancadas. Cuando llega al kiosko, sin resuello, compra su cajetilla de malboros, la guarda en el bolsillo trasero del pantalón de chándal y vuelve a su casa caminando con pasos largos y rápidos, a veces despega ambos pies del camino, otras se para y recupera el aliento. Mientras regresa, siente su mente menos embotada, más despejada, piensa con claridad. Y piensa en sus compañeros del high school, en el capitán de scocer, en la dulce Mary, y en Bob, el chico más rápido de la clase, aplaudido por todas las animadoras durante las competiciones de atletismo. Desearía más que nada en el mundo ser tan veloz como Bob y, por una vez, ser reconocido y admirado. Se imagina las gradas del estadio del Oberlin College gritando su nombre y él levantando los brazos al cruzar la meta. Mary aplaudiría. Hawking aplaudiría también.

Por mucho que corras siempre serás un gordo.

La venganza es el verdadero motor del hombre. Lo que mueve el mundo es el rencor, y a Fixx le sobraba odio acumulado durante media vida de incomprensión y desapego. Así, el gordo de Jim, el fumador de Jim, el impotente de Jim, comienza a correr a diario. Primero durante 20 minutos y, al cabo de unos meses, ya es capaz de aguantar una hora corriendo con su peculiar estilo cadencioso, lento y pesado. El ejercicio continuado obra el milagro. Fixx pierde kilos y abandona el fumeteo. Sus vecinos de aquellos años lo recuerdan saliendo a correr muy temprano a primeras horas de la mañana todos lo días, durante años. Lo ven vestido con ropas deportivas de estridentes colores, ataviado de aditamentos varios como muñequeras y cintas en el pelo. No se dan cuenta de ello, pero cada día, cada mañana, Jim está menos gordo, las carnes se le aprietan y los músculos se endurecen. Corre. A los dos años de empezar a correr, participa en su primer maratón en Boston. Correr es una actividad solitaria, como hacer puzles. Corres junto al lago, a través del parque Voinvich, solo, durante tanto tiempo que lo único que puedes hacer es avanzar y barruntar venganzas. En marzo de 1969, los antiguos alumnos del Oberlin College se reúnen para recordar tiempos pasados. Fixx pasa prácticamente desapercibido. Los compañeros que le interrogan sobre su vida no se admiran lo suficiente cuando les comenta sus marcas en el maratón de Boston y de Chicago. Le felicitan, se sorprenden por momentos y lo olvidan al mismo tiempo que se despiden de él con una palmadita displicente. No es bastante. Tiene que correr más y más, cumplir su venganza. Y así lo hace. Un día tras otro, Fixx se ata sus zapatillas y corre durante horas, con su peculiar ritmo y estilo, como corren los gordos, de manera lenta y atropellada.

Han pasado diez años desde que nuestro héroe corriese por primera vez. Ahora sí es un verdadero atleta. Sus piernas están cuarteadas por venas y músculos que destacan e hinchan al correr. Donde antes había colgajos de grasa, ahora sólo hay piel tersa y un abdomen definido. Durante todo este tiempo, ha salido a correr todas las mañanas. Son muchas horas reflexionando en soledad. Durante este tiempo, ha apuntado en una libreta todo aquello que le pasa por la cabeza mientras entrena: cómo entrenar, por qué entrenar y para qué entrenar. Así que Fixx, 30 kilos más delgado que el feliz día aquel en el que compró su último paquete de cigarrillos, tan sólo tiene que ordenar un poco sus muchas anotaciones, y en 1977 publica su famosa obra El libro completo del corredor.

La biblia del corredor.

Hoy, esta obra nos parece un compendio de memeces, perogrulladas y consejos new age. Efectivamente, en la actualidad estamos tan saturados de gurús del deporte que nos aconsejan variopintos ejercicios para ponernos en forma que las recomendaciones de Fixx acerca de la práctica del jogging como vía para alcanzar la satisfacción física y moral nos parecen hasta tiernas en su inocencia y candidez. Pero en el año 1977, este libro revolucionó la manera de entender el deporte, ya que la presentó como una actividad salvífica, mediante la cual la carne se podía redimir. Fixx se propuso como paradigma de superación. Correr diariamente, de manera prolongada, durante años, le había convertido en una persona sana, bella, fuerte, pero sobre todo, había recuperado la confianza en sí mismo, porque, lo que viene a decir el libro de marras después de todo es que el deporte ayuda a mejorar físicamente, claro está, pero sus beneficios repercuten en la mente del deportista y te convierten en mejor persona. Estupideces como ésta se leen hoy en cualquier pastiche de autoayuda y vende como churros. En los Estados Unidos de los setenta, el libro de Fixx hizo lo propio. Se convirtió inopinadamente en el bestseller del año. Se mantuvo como libro más vendido en USA durante 11 semanas y se calcula que vendió más de un millón de copias en todo el mundo.

Venganza cumplida. Jim es ya toda una celebridad. Su método de entrenamiento se ha puesto de moda, y medio mundo se viste como un fantoche e imita su forma de correr. Miles y miles de gordos se echan a la calle a correr embutidos en chándales de colores fluorescentes, gruesos calcetines y muñequeras de inexplicable utilidad. Todos quieren ser como Fixx. Quieren ser tan fuertes como él, tan guapos, tan sanos, tener su confianza, sonreír como él, correr como él. Todos quieren ser Jim.

Jim ya no odia a sus compañeros de clase. Disfruta en secreto de la revancha del nerd. Se sabe admirado, por fin reconocido. Es su momento; y lo goza. Por primera vez en su vida, a los 45 años, acude a fiestas. Los programas de televisión se lo disputan. Comparte plató con George Harrison en un late night. Se saludan de tú a tú, y el exescarabajo se reconoce jogger impenitente.

Dead fat men walking.

Fixx es astuto; conoce la esencia efímera de la fama, por eso decide explotarla al máximo. A la publicación de su gran obra, le suceden otras muchas. Por ejemplo, tres años más tarde, vuelve a las andadas con el Segundo libro completo del corredor. Que viene a ser una ampliación del primero pero más redundante. Se trata, a fin de cuentas, de hacer ruido y de que no se olviden de uno. La fama es transitoria, sí, pero también dúctil, así que se dedicó durante los primeros años de la década de los ochenta a estirarla lo más posible. Jim Fixx, el nombre se recuerda pese a que su discurso ha dejado de ser tan innovador como en antaño. Jim Fixx es sinónimo de vida saludable, deporte sano, vitalismo.

En la mañana del 20 de julio de 1984, día del fallecimiento de James Fuller Fixx, nuestro protagonista se encontraba de visita de negocios en Hardwick, ciudad de Caledonia, Velmont. El día anterior había entregado a su editora las pruebas de su siguiente obra, auspiciada por la multinacional de artículos deportivos Nike. Este libro se publicará un año después de la defunción de su autor bajo el título de Máximo rendimiento deportivo: cómo alcanzar tu mayor potencial en velocidad, resistencia, fuerza y coordinación. Como cada mañana desde hacía 17 años, Jim Fixx se levantó temprano y salió a entrenar. Como siempre, tan dado a la introspección mientras realizaba sus ejercicios, se puso a pensar. Sus primeras reflexiones las dedicó a calcular los royalties que le adeudaban y que debía reclamar sin demora. No tuvo tiempo de acordarse de Bob y de Marry, como frecuentemente hacía mientras corría. A los pocos minutos de iniciar su carrera, Jim cayó exhausto sobre la calzada. Cuando la ambulancia llegó al lugar del suceso, el deportista estaba muerto. El forense dictaminó las causas del tránsito: infarto de miocardio.

La popularidad del finado provocó que su autopsia se hiciera pública a los pocos días de haber expirado. Entonces supimos que las arterias de Jim se encontraban obstruidas casi por completo. El colesterol había bloqueado una arteria coronaria en un 95 por ciento, a la vez que otra lo estaba en 85 y una más en un 70 por ciento. Además, la autopsia reveló que Jim había padecido dos pequeños ataques al corazón anteriores al que resulto mortal. Por otra parte, Jim sufría de una cardiopatía hereditaria consistente en tener el corazón más grande de lo corriente. Si añadimos a esto sus antecedentes familiares (su padre murió con apenas cuarenta años por un fallo cardiaco) y los hábitos alimenticios previos al comienzo de su vida deportiva, no es de extrañar, por tanto, que el gurú del footing perdiera la vida haciendo ejercicio: los corazones grandes son buenos para amar pero no para correr.

Un corazón que no le cabía en el pecho.

Los que gustan de criticar ven en la muerte trágica de Fixx una refrendación de sus argumentos contra el running. Pero por mucho que se enconen, parece demostrado que correr no es mucho peor para el corazón que cualquiera otra actividad física. Si el autor de El libro completo del corredor se hubiese sometido a un sencillo reconocimiento médico, la prueba de estrés a la que se pone a prueba el corazón hubiese detectado la afección cardiaca de Fixx. Tampoco habría estado de más que Jim hubiese prestado más atención a los mareos, fatigas y dolores en el brazo que experimentó durante las semanas previas a su fallecimiento.

Por mi parte, por más que pienso en ello, sigo sin encontrar el lado cómico a la muerte de Fixx. Sin embargo, su historia ha servido de inspiración a numerosos humoristas estadounidenses, el más famoso, Bill Hicks, un monologuista epicúreo que disfrutó sus mejores momentos mofándose del infeliz de Fixx con su espectáculo Soy Jim Fixx, y yo estoy muerto ahora (un grupo australiano tiene un preciosa canción homónima). Ya ven, qué ironía. Ni siquiera muerto, el malogrado Jim ha logrado escapar de las burlas. Nunca obtuvo el respeto de sus compañeros ni de sus colegas ni vecinos. Es cierto que amasó un considerable pastizal vendiendo fórmulas milagrosas para mantenerse en forma, pero en realidad quienes profesaron su método lo hicieron por lo excéntrico de sus pintas y lo gratuito de su propuesta. Los nerds no escapan a su sino. Jim Fixx nunca dejó de ser un gordo solitario e hipertenso. Perdió peso, se convirtió en un popular corredor de fondo, vendió más libros que ningún otro deportista y fue seguido y admirado por millones de diletantes del running; pero nació nerd, creció gordo y sus arterias se colapsaron por una singular argamasa, mezcla de colesterol y odio. Hoy se siguen riendo de él y encabeza las listas de los difuntos más estúpidos de la historia. Y a mí esto no me hace gracia, sino que me pone un poco triste.

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10 respuestas a Mis heterodoxos: Jim Fixx

  1. Hicham El Guerrouj dijo:

    Estupendo artículo para ser, creo, el primero de su blog.
    Me recuerda al último libro de Jean Echenoz, Correr, una biografía muy ficcionada de Zatopek. Eso sí uste escribe con mucho más cinismo. Si no la ha leído se lo recomiendo.
    Yo como el bueno de Fixx (y no como le nombra usted «gordo nerd hipertenso») creo que el deporte tiene más que ver con un conocimiento interno que con llegar más rápido que otro, hacer menos de una hora o perder dos o tres kilos. Aunque esto sea una perogrullada tan grande que da vergüenza decirlo.

  2. Interesante la historia de Fixx, soy nuevo en esto de correr y tengo dos libros de él.
    Me gusta su simpleza para explicar su técnica, libros actuales hacen ver el correr como si se tratara de una caminata lunar. Tengo 40 años, no fumo pero soy sedentario. No pretendo vivir 100 años, solo hasta un minuto antes en el que ya no vaya solo al baño. Su muerte no es triste, ni para reírse. El fue un hombre que se animo a cambiar y lo logro. Saludos desde Argentina.

  3. Anónimo dijo:

    donde puedo conseguir el primer libro o el segundo o en su defecto un copia sin la parte que diga prohibida….

  4. sergio galan dijo:

    Donde puedo conseguir en Mexico El Libro completo sobre correr de Jim Fixx, lo he buscado por todos lados y no lo encuentro. Gracias !!

  5. Hilario dijo:

    noto una cierta gran ironia en como esta confeccionado el texto y una condena de su pseudo condicion de perdedor. Es (fue) ante todo una persona que en un momento se dio cuenta que tocaba fondo y tubo la valentia de levantarse y vivir su vida dignamente. fue un talentoso a mi apreciacion solo cometio un error ( el de no someterse a los chequeos medicos necesarios). Por lo demas mis respetos, ya que llevo la carrera de largo aliento a los mas altos podios.

  6. Enrique Arroyo Dorado dijo:

    Me fascina su manera de escribir,graciosa, elegante y sarcástica. Los términos que utiliza como -sin haber tenido coyunda -los disfruto en grande; tal vez porque cuando luchaba en vano contra la psoriasis también corría, y llegué a ser el mejor de la cuadra; así que me consta que correr es una actividad solitaria,pero, pensaba que Mariano Haro, Mohamed Gamundi o Steve Prefontaine hacían lo mismo, y eso me mantenía de pié. No se si correr me benefició mentalmente, o si soy una buena persona, solo sé que me alegra encontrar buenos escritores como usted.

  7. Pingback: Revisión sobre el arte de correr | RunEvolution

  8. jesus jaime dijo:

    este hombre sin lugar a dudas logro cambiar este mundo aunque muchos no lo vean asi en la actualidad muchos corredores no se hacen un chequeo medico y son felices corriendo yo no veo como Jim Fixx no lo fue dejo un legado que sus contemporaneos no lograron correr es disfrutar es vivir es ser diferente a los demas gracias Jim Fixx y Terry Fox grandes ejemplos

  9. Javier Begazo dijo:

    Tantas palabras, para al final no decir nada.

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